La operación de lijado se aplica a diversos fines: para alisar superficies de yeso, para rebajar y dar buena terminación a la madera, o para dejar áspera una superficie a fin de hacerla porosa para que se impregne bien determinado material.

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Se puede lijar a mano o bien con máquinas lijadoras. Estas últimas son útiles cuando las superficies a pulir son grandes. De lo contrario, conviene un lijado a mano, sobre todo en los rincones y las uniones.

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Conviene ir graduando el grosor del papel de lija: se comienza con uno grueso y se termina con uno fino. En la madera debe lijarse siempre en el sentido y dirección de la veta.

Para hacer más ágil la tarea, más parejo el lijado y que se cansen menos los dedos, se coloca la hoja de lija alrededor de un taco rectangular (de al menos 2 cm de alto) de madera, de corcho o de otro material compacto.


Según la superficie a pulir se usa papel de lija al agua (se puede mojar) o del tradicional, para seco. Existen con óxido de aluminio y también con carburo de silicona.

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Si no tienes una máquina lijadora, podrás usar el taladro con un accesorio para lijar o pegarle a un disco de goma un trozo entero de lija, que irás cambiando a medida que se desgaste.